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Oricios

 
oricios Oricios

Oricios

 

Son un manjar. No hay ninguna otra especie marina comestible, al menos en Asturias, que nos remita tanto al Cantábrico como esta. Es meterles la cuchara en el caparazón y trasladarnos inmediatamente a un mar embravecido que rompe en nuestro paladar. Los erizos de mar como se conocen fuera de Asturias son una de las 7.000 especies que quedan de equinodermos. Su aspecto no invita en principio a la degustación. Cuando uno acerca su cuchara a un oricio por primera vez lo que piensa es en la mucha ‘fame’ que tuvo que pasar el primer humano que les hincó el diente. Lo que ocurrió tras ese primer bocado era fácilmente previsible porque es probarlo y no dejar de alabar su sabor. Aquí en Gijón hay auténtica devoción. Todavía recuerdo la caminata junto a mi abuelo por el Muro de San Lorenzo en busca del camión que los vendía a paladas frente a la antigua pescadería, hoy oficinas del Ayuntamiento. Nuestros primos hermanos los gallegos, sin embargo, hasta hace bien poco los despreciaban. En París pagan millonadas por ellos y para los asiáticos, coreanos y japoneses, es un fruto de mar imprescindible. ¡El oricio no entra por los ojos, pero sí por la boca! Si a ese maravilloso sabor a mar añadimos que los oricios son un alimento hipocalórico, prácticamente libres de grasa, con un buen aporte proteíco y gran contenido en yodo que evita el hipotiroidismo parece extraño que los comamos tan poco. Con la llegada del invierno y las frías temperaturas del Cantábrico el oricio abunda y se convierte en protagonista en muchas sidrerías gijonesas. Durante todos los meses de enero, febrero y marzo podemos degustarlos crudos, cocidos o elaborados en algunas de nuestras especialidades. La mejor manera de disfrutar de  todo su sabor a mar es crudos en docenas o medias docenas y acompañados de un ‘culín’ de sidra. Para evitar lo más engorroso, su apertura, en Casa Justo los servimos abiertos. Así que sólo queda disfrutar de su sabor único y adictivo.

 

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